Lygia Clark, Sin título, 1952. Óleo sobre lienzo, 54,5 x 81,5 cm. Joâo Sattamini Collection © Cortesía Asociación Cultural “The World of Lygia Clark”

SIGNIFICACIÓN DE LYGIA CLARK

En 1963, el intelectual y crítico de arte brasileño Mário Pedrosa (1900-1981) utilizaba el título Significación de Lygia Clark[1] para referirse a la obra de la artista brasileña (Belo Horizonte, Brasil, 1920 – Río de Janeiro, Brasil, 1988) a propósito de la relevancia que su trabajo adquiría en un contexto que él consideraba de creciente agotamiento de la escultura en el escenario internacional.

Pedrosa sostenía que el Constructivismo había actuado como señalizador de un camino para la escultura, desplazándola de “esa búsqueda ansiosa de la materia y de la subjetividad expresiva” que intentaba imitar el gesto de la pintura. En este sentido, para Pedrosa la obra de Clark, inicialmente influenciada por el retorno al ideario constructivo, reestructuraba el lenguaje de la escultura a partir de una sistemática investigación en torno al espacio.

En su texto, el crítico señalaba sobre lo que ya en 1957, en sus cuadernos de notas y pensamientos, Lygia Clark reflexionaba:

“Refutando una visión puramente óptica, ella aspiraba a que el espectador fuese ‘arrojado dentro de la obra’ para sentir, actuando sobre él, todas las posibilidades espaciales sugeridas por la obra. Lo que busco, decía ella, en una profunda intuición de la realización futura, es componer un espacio.

Ella planteaba, ya entonces, un problema de escultor. El concepto de espacio, como el de realidad, sufrió en nuestra época una profunda alteración. Ya no son conceptos estáticos o pasivos, ni en el sentido literal o incluso cinético, ni en el sentido subjetivo. No se trata más de un espacio contemplativo, sino de un espacio circundante”.

 

 

Lygia Clark, El violonchelista (O Violoncelista), 1951. Óleo sobre lienzo, 105,5 x 81 x 2,7 cm. Colección particular © Cortesía Asociación Cultural “The World of Lygia Clark”

La muestra Lygia Clark. La pintura como campo experimental, 1948-1958, curada por Geaninne Gutiérrez-Guimarães del Museo Guggenheim de Bilbao, revisa el proceso en el cual la inicial producción pictórica de Clark comienza a expandirse hacia una reflexión sobre el espacio, la que se desarrolla durante la década previa a la disolución formal que tomará fuerza en su relato artístico a partir de los años sesenta, lo que la sitúa como una de las artistas latinoamericanas más insurgentes de la neovanguadia artística de la segunda mitad del s.XX.

La muestra se enmarca en el contexto de conmemoración de los cien años de nacimiento de la artista, sumándose a otras actividades relacionadas con su obra en otras instituciones, dentro de las que se encuentra un seminario online a realizarse en el museo de la Solidaridad Salvador Allende, en Chile, en noviembre de este año, en el cual se revisará una de sus emblemáticas esculturas de la serie Bichos, donada por la artista a este museo en 1972.

La exposición en el Guggenheim Bilbao se modela a la luz de una propuesta curatorial que realiza una revisión historiográfica de la década 1948-1958, dividiéndola en tres secciones cronológicas: Los primeros años, 1948-1952, Abstracción geométrica, 1953-1956 y Variación de la forma: La modulación del espacio, 1957-1958, las que transitan –en la evolución pictórica de Clark– desde dentro hasta afuera del marco pictórico.

En la primera sección se presentan los primeros dibujos a carboncillo y pinturas al óleo de orden figurativo ejecutadas por Clark, así como las obras de los años en que realizó sus estudios de pintura en París, entre 1950-1952. En esta época, es cuando sus trabajos adquieren un carácter modular y geométrico, lo que se expresa en composiciones de colores opacos inspiradas en la arquitectura, donde todo el lienzo se descompone en pequeños planos ortogonales y diagonales que crean figuras triangulares, como sus obras Composición (1951) y Escalera (1951).