HABITAR EL TIEMPO DEL FIN

Entrevista a Sergio Rojas

El mundo es una ilusión, y el arte consiste en
presentar la ilusión de mundo

Paul VirilioEstética de la desaparición.

Esta conversación con el filósofo, doctor en literatura y académico de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile Sergio Rojas (Antofagasta, Chile, 1960) la sostuve entre marzo y junio de 2020. El propósito fue indagar en su nuevo libro, Tiempo sin desenlace. El pathos del ocaso, a ser publicado por Editorial Sangría en el segundo semestre de este año.

En este libro [1], que Sergio Rojas considera como su obra más personal, el autor reflexiona el ´asunto del fin` como un patrón epocal, como aquella consecuencia histórica que dispone al sujeto contemporáneo –inmerso en un tiempo globalizado, informatizado y ausente de narrativas que sostengan su existencia– como una ´partícula` desorientada, perdida, que ´presiente` haber sido ´arrojado` a una inmensidad que desborda su propia condición humana. Lo que Sergio Rojas ha elaborado como ´lo tremendo`.

La incertidumbre, la ambigüedad, lo ´no concluyente`, son aspectos que el autor desarrolla en el prefacio de este nuevo libro, el cual se sitúa desde un tono melancólico y de gran belleza escritural, para dar cuenta del ´hundimiento` del paradigma moderno y revisar cómo hemos sido arrastrados a habitar en un mundo en el cual las formas del fin toman lugar en lo cotidiano.

En esta entrevista, abordamos problemáticas como su itinerario de escritura, el actual contexto social y político en Chile y Latinoamérica, el lugar de las artes con relación al presente y, por supuesto, la crisis sanitaria global. Para Sergio Rojas la escritura es una forma de pensar, una manera de mantenerse a flote, dentro de la catástrofe. Recientemente, el filósofo también ha inaugurado su sitio web, espacio en el cual reúne los textos que transitan por sus más destacados ejes de pensamiento.

Edward Hopper, Habitación en New York, 1932. Imagen de dominio público.

La escritura, una forma de pensar

Marcela Ilabaca: En las palabras que animan el prefacio del libro Tiempo sin desenlace. El pathos del ocaso, construyes una sugerente imagen sobre la elaboración del tiempo presente. Ocupo aquí la palabra imagen porque de alguna manera este texto me retrajo a la imagen de Esperando a Godot (1940) de Samuel Beckett, en el sentido de que en esta obra –la cual ha sido objeto de permanente interés para ti– asistimos a la representación de dos seres humanos que habitan un perpetuo fin, es decir, un ocaso sin término, “un tiempo sin desenlace”, sin futuro, un absurdo donde cada día es lo mismo.

Por otra parte, también este texto hizo acudir a mi memoria un trabajo visual que realizaste en una de las salas del Museo de Arte Contemporáneo (MAC) [Quinta Normal, 2010], en el cual reflexionabas sobre ese sujeto que se busca entre las ruinas, tal cual lo elaboras en este prefacio. En aquella oportunidad presentabas una pantalla de TV y un texto que contenía la frase “señales de vida”, como un murmullo humano en la desolación de un paisaje urbano en el que solo quedaban vestigios.

Hago estas analogías, pues pienso que es posible distinguir en tu itinerario reflexivo y de escritura una autoconciencia epocal que te ha conducido a una permanente insistencia por abordar el asunto del fin. En este sentido, ¿Consideras esta publicación como concluyente con relación al desarrollo de tu forma de pensamiento y de tu itinerario de escritura?

Sergio Rojas: Creo que este libro hace explícito para mí mismo el hecho de que la cuestión del fin es un motivo que ha estado siempre presente en mi reflexión; se trata de una cuestión que personal e intelectualmente me interesa y a la vez me abisma. En este sentido, considero que es un libro muy personal. En el proceso me fui dando cuenta de esto y en un momento decidí sacar los capítulos que dedicaba a Hegel, Nietzsche y Heidegger, justamente para “des-academizar” un escrito cuya tesitura correspondía más bien a la del ensayo. Me doy cuenta ahora de que he venido pensando la cuestión del fin desde hace décadas y reconozco esta reflexión a la base de libros como Materiales para una historia de la subjetividadEl problema de la historia en la filosofía crítica de KantEscritura neobarroca o El arte agotado. En este último el fin se comprende como agotamiento, es decir, el fin no es el simple término de algo que a partir de un determinado momento ya no existe, sino que corresponde a un tiempo en el que se hace muy difícil concebir el devenir como un curso de sentido.

Por eso relaciono el acaecimiento del fin, entendido ahora como agotamiento, con una forma de lucidez, una especie de autoconciencia acerca de que las categorías, las ideas, las formas que hacían posible pensarnos como protagonistas de una historia en curso se develan como producto de la propia necesidad de creer. La filosofía, la literatura, las artes han sido territorios donde pensar esa autoconciencia que termina por desfondarse a sí misma. El neobarroco es eso, la insubordinación del lenguaje, el derroche de los significantes que acontece cuando éstos ya no se organizan en función de un significado trascendente.

La definición de Borges es brillante cuando dice que barroco es todo arte que ha llegado a su fin y comienza a dilapidar sus recursos. El arte agotado responde a esa misma cuestión. Insisto, no se trata de la desaparición del arte, de que ya no habrá más artistas ni obras de arte. Afirmar esto sería una simple extravagancia. La cuestión consiste más bien en qué sucede en el arte cuando la idea de “historia del arte” entra en crisis. La idea más poderosa de historia del arte corresponde a Hegel, en que las obras expresan la progresiva autoconciencia de los seres humanos respecto a su propia condición histórica, es decir, de que el mundo como horizonte de sentido que nos permite habitar en la existencia es una construcción histórica. Las artes reflexionan así sus propios recursos ironizando las creencias del común de los seres humanos, hasta que llega un momento en que el arte deja de ser la expresión de una época y pasa a ser la expresión de la subjetividad del artista.

Las paradojas que recorren el “arte contemporáneo” tienen que ver con esto, relacionándose como en una espiral el “genio”, el mercado, las expectativas críticas, la academia, el “fashion”, etc. Me ha interesado especialmente el trabajo con el lenguaje que logra trascender el cinismo de la ironía, haciendo del agotamiento de los signos no una “vuelta de tuerca” nihilista, sino una posibilidad de pensar nuestra contemporaneidad. Mi libro sobre la narrativa de Diamela Eltit, Catástrofe y trascendencia, va en esa dirección. La escritura de Eltit nos confronta con la intensidad de sus imágenes, que dan cuenta de una catástrofe del mundo que no se solaza en un nihilismo autocomplaciente ni pretende entregar un mensaje edificante. Acabo de terminar un libro sobre la escritura de Samuel Beckett, un manuscrito todavía inédito cuyo título es De algún modo aún.

Entonces, claro, ahora que respondo a tu pregunta se me hace muy cierto que el libro que publicará Editorial Sangría en los próximos meses tiene algo de “conclusivo” con relación a mi reflexión sobre el fin, pero, a la vez, hago consciente que es un fin que no se termina, debido precisament­e a que se trata de un fin que no se termina. De aquí el título Tiempo sin desenlace.

En el presente la ironía, el cinismo, el escepticismo, parecen caracterizar el individualismo desencantado de la modernidad cuyo “paisaje” no es 1984 de Orwell ni Metrópolis de Fritz Lang, sino los mega centros comerciales y las redes sociales, en un mundo social y políticamente en crisis.